"Algún día mis historias le gustaran a alguien"- Yo

martes, 23 de abril de 2019

Insignificante

Prólogo


Luego de la gran batalla que había ocurrido en el purgatorio, Dios mandó a encerrar a los siete demonios que gobernaban el infierno para evitar que las desgracias siguieran ocurriendo. Uno de los arcángeles de Dios, junto a su grupo de sus ángeles, acudieron al único capaz de crear los sellos lo suficientemente fuertes para atrapar a los demonios, un humano, el primer exorcista.
Encontraron a cada uno de esos demonios y los encerraron, todos en el mundo humano, pero cada uno en un lugar diferente. Cada sello sería vigilado por los ángeles, para evitar que alguien pudiera liberarlos, parecía una solución adecuada para acabar los problemas con el infierno y ganar la paz que casi siempre anhelaban. Poco tiempo duró, luego de que los demonios fueran encerrados, Dios dejó de aparecer ante sus ángeles, se encerró en el único lugar del paraíso donde ningún ser podía entrar, abandonando a sus creaciones, y dejándoles a cargo el cuidado del mundo humano. Los ángeles, sorprendidos con la repentina desaparición de Dios, siguieron con sus tareas con la esperanza de que algún día volviera. El tiempo pasó, y la monotonía empezó a hacerse evidente, sin muchos demonios que controlar o problemas que solucionar, los ángeles empezaron a descuidar sus obligaciones y, poco a poco, fueron dejando de proteger esos sellos, dando paso a que cualquiera sea capaz de acercarse a ellos…

En un cementerio perteneciente a un pueblo alejado de cualquier ciudad, cerca de las descuidadas y rotas tumbas ya cubiertas de plantas que habían estado creciendo sin control, era la hora de los muertos cuando un exorcista novato estaba realizando un ritual… Acompañado del demonio que lo obligaba a estar allí, el exorcista no dejaba de desear que su maestro apareciera para detener lo que estaba por suceder.
El viento se hacía cada vez más fuerte, sacudiendo los árboles cercanos, enfurecido, y se detuvo de golpe cuando, en medio de un pentagrama, una figura siniestra y amenazante empezó a formarse. Un gran demonio emergió en la oscuridad mostrándose como una gran sombra. Solo podían verse sus largos cuernos que se dibujaban en la oscuridad, y un brillo rojo proveniente de sus penetrantes e inhumanos ojos, capaces de hundir el alma más pura en la más horrible y eterna oscuridad.
—Lucifer...mi señor… He conseguido lo necesario para liberarlo de este sello —el demonio que había liberado al mismísimo diablo, se arrodilló.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? —preguntó Lucifer con una voz tan profunda que penetró en el demonio y en el humano, haciendo que sus cuerpos se sacudieran ante la fuerza que emitía. Observó a su alrededor intrigado, llevaba tanto tiempo prisionero que se había olvidado cómo era el mundo humano.
—No lo sé con exactitud, pero no ha sido fácil —respondió el demonio. El exorcista miraba aún hacia el suelo en la posición donde había quedado al finalizar el ritual, absorto y molesto por tener que presenciar ese momento sin poder hacer nada—. La única forma de abrir estos sellos es con el libro del primer exorcista, y luego de mucho tiempo de buscarlo di con él y con este…aprendiz de exorcista, que parece ser capaz de usarlo sin dificultades. Con ambos, será posible liberar al resto de demonios.
Lucifer se percató entonces de ese exorcista que estaba frente a él. En otra ocasión, lo hubiera matado, y a todo ese tipo de humanos, realmente no le agradaban los exorcistas, en especial porque uno de ellos era lo último que había visto antes de ser encerrado en el sello, pero si lo que decía el insignificante demonio era verdad, entonces necesitaba a ese humano para liberar al resto de sus demonios.
—Tú —exclamó él, y el exorcista levantó la vista al mismo tiempo que sus rodillas empezaban a flaquear, ya que ese gran demonio se había acercado a él y ahora lo estaba mirando fijamente—. Espero que no estés pensando en escapar… De ahora, hasta que todos los demonios estén liberados, vas a obedecer. Y no te hagas ilusiones de que te dejaré ir luego, créeme, no está en mis planes dejarte en libertad.

La situación no podía ser peor, el ambiente generaba una extraña y aterradora sensación mientras Lucifer clavaba sus ojos en el exorcista, este sentía que el alma dejaría de ser suya mientras el terror infundado por el gran demonio sólo lograba abrumarlo aún más. Él no podía saberlo, pero sí creía que lo que fuese que estuvieran planeando para él, no sería bueno…

2 comentarios: